Una ruptura, separación o divorcio suele venir acompañada de dolor y preocupación, pero si además se le añade que hay hijos de por medio, entonces se complica en mayor medida. No hay que olvidar que aunque es una situación difícil y a corto plazo negativa para todos, si la situación se gestiona de una forma adecuada, al final será la solución de un problema mayor.

Normalmente la separación se realizará para mejorar la situación en la que actualmente puede vivir la pareja o la familia y una vez que esté adaptada, dejará de ser tan doloroso como parece en un principio.

Una vez tomada la decisión, aparecen las primeras preguntas y preocupaciones: ¿Cómo se lo vamos a decir?, ¿les haremos sufrir?, ¿van a entenderlo?. Aquí veremos algunas pautas:

Transmitir la idea de forma conjunta:

Lo ideal para facilitar la adaptación a la situación es el hecho de contar la noticia entre los dos. Esto puede no ser posible puesto que las parejas no siempre se rompen de manera conjunta pero si hay alguna posibilidad de hacerlo juntos, será más beneficioso para los hijos. Este paso es clave para que los hijos entiendan la decisión como algo para la familia.

Conviene que los progenitores den la misma versión:

Acordar entre los dos lo que se va a comunicar y practicarlo previamente hará que no se deje en manos de la improvisación y que se puedan decir cosas erróneas fruto de las emociones del momento.

Mantener la calma y no discutir en ese momento:

Es posible que la conversación se complique y uno de los progenitores pierda la calma y empiece una discusión. En ese caso, el otro puede dirigirse, en un tono calmado, posponer la conversación para más tarde.

¿Qué hay decir? :

Cuando los niños no conocen toda la información o no la comprenden, entonces la construyen ellos mismos con su imaginación y en su mundo egocéntrico, suelen atribuirse a ellos mismos la responsabilidad de lo ocurrido, por lo que pueden echarse la culpa de lo que ha pasado en la familia. Para evitar que hagan eso, es necesario exponerles la información lo más clara posible.

Tener una explicación clara y concreta sobre lo ocurrido, evitará que se echen la culpa.

Se puede empezar incidiendo en que cuando papá y mamá se casaron o decidieron estar juntos, se querían mucho, querían vivir juntos siempre y formar una familia. Explicarles que han intentado que esto pasara así.

A continuación, explicar que en estos momentos y que desde hace un tiempo, ya no se llevan bien y que para estar felices no pueden seguir viviendo juntos. Se les puede poner algún ejemplo para que les sirva de referencia, como: “¿habéis notado que discutíamos mucho?” O “¿nos habéis visto algo más disgustados o tristes?”. Esto les ayudará a entender el objetivo de la separación. También se pueden poner ejemplos como: “¿Alguna vez os ha pasado que teníais un amigo en el cole y luego os habeis llevado mal? Y ¿os imaginais que tuvierais que vivir luego con él? Si fuese así, estaríais discutiendo siempre, ¿no?”. Esto les ayuda a ponerse en el lugar de los padres.

Aunque la ruptura sea decisión de uno solo, es importante no echar culpas ni entrar en insultos, esto no aporta nada y no ayuda a pasar la situación. Se deben evitar comentarios como “vuestro padre/madre me abandone o quiere que me vaya”.

Contar intentos de solución:

Conviene explicar que los dos han intentado solucionar los problemas y que la pareja siga unida, y que la decisión ha sido difícil y dolorosa. Pero que, aún así, no han encontrado una forma de solucionarlo y que creen que será lo mejor para todos. Que vean que hay seguridad en la explicación les ayudará a entender que es una decisión firme y solida y no pensarán que pueda cambiar en cualquier momento.

Quitar responsabilidad de los hijos:

Es importante aclararles que en la decisión ellos no tienen ninguna responsabilidad. Que es algo de la pareja independiente de ellos. Si la relación no ha salido como creían es, únicamente, porque papá y mamá no se llevan bien, no porque ellos hayan hecho algo mal.

Se pueden mostrar sentimentos:

En esos momentos, los sentimientos están a flor de piel, no es preciso hacer como que no pasa nada y no mostrar emociones. La situación es difícil y si ellos notan que no es adecuado llorar ni sentirse mal porque los padres están contenidos, entonces no se verán con la libertad de expresar lo que sienten. Hay que darles ese espacio y se les puede decir:”es normal que esto os ponga tristes o que os haga enfadar, es una situación muy dura y todos estamos disgustados”

Indagar en lo que ha ocurrido hasta ese momento:

Siempre que la edad lo permita, se les puede preguntar si durante las ultimas semanas o meses han notado algo y si han pensado en que esto podía ocurrir y cual es la opinión que tienen sobre el divorcio. Si entienden lo que es, si conocen a algún niño que haya pasado por lo mismo… así sabremos las expectativas que tienen y la información que manejan. En ocasiones, los niños y niñas tienen ideas erróneas y si se aclaran en este momento, se pueden ahorrar consecuencias peores.

Qué ocurrirá a partir de ahora:

Hay que dejarles claro que, ante todo, siguen y seguirán siendo una familia aunque diferente a lo que era antes. La pareja se separa pero papá y mamá van a seguir ahí y seguirán queriéndoles como siempre.

Para reducir la incertidumbre y la ansiedad que este proceso conlleva, es necesario contarles cómo van a hacerlo, dónde y con quién van a vivir, qué días van a estar con cada uno, explicar cómo será la casa del progenitor que viva fuera de la casa familiar y cómo se van a organizar.

Es importante antes de cerrar la conversación, permitirles hacer las preguntar que quieran, y preguntarles si lo han entendido todo bien. “¿Qué creeis que ocurrirá ahora?” “¿hay algo que te asuste?” Puede que las reacciones sean inesperadas y que se mantengan en el silencio o en la rabia o en la negación. Es bueno dejarles un tiempo para que lo piensen y en los días momentos posteriores preguntarles si quieren volver a hablar del tema.

Cuanto más cordial y amistosa sea la ruptura, más probable es que los hijos la acepten mejor y se adapten con más facilidad a la nueva situación.

Mónica Cruz Coronado