El otoño esa estación del año en que se caen las hojas de los árboles, la luz cambia y los colores se tornan en tonos marrones y amarillos. Al igual que las hojas de los árboles nuestro estado de ánimo puede  caer en apatía y tristeza. La famosa astenia otoñal. La psicología de la calle y del día a día nos lo dice “es que el otoño es muy malo”…

Pero ¿por qué pasa esto?

Vamos a ofrecer varias explicaciones sobre ello:

  1. Por un lado el otoño significa una vuelta a la rutina, y en especial a las obligaciones. Los niños vuelven al colegio, los mayores al trabajo, ya no existen jornadas intensivas de verano, ni ratos tan duraderos para dedicarse al ocio y al descanso. El estado de ánimo positivo se relaciona con el tiempo que nos dedicamos a nosotros mismos y a las actividades de ocio que nos gustan. Al existir un cambio brusco en ese sentido nuestro estado de ánimo puede verse resentido. Aparecen sentimientos de pereza, de falta de ganas, de nostalgia por las vacaciones que hemos tenido.
  2. Los cambios en sí afectan a unas personas más que a otras. Las estaciones implican un cambio a varios niveles. Existe gente que tiene una mayor sensibilidad para adaptarse a los cambios. Sus mecanismos de adaptación tardan algo más y les cuesta más tiempo sentirse a gusto con las variaciones de su entorno.
  3. El cambio en la luz, menos horas de luz, implica un descenso de nivel de actividad. Hormonalmente también se producen cambios y esto influye en cómo nos sentimos.
  4. El cambio de hora, implica variaciones en nuestros horarios de sueño y alimentación. La gente mayor y los niños suelen ser a los que más les cuesta adaptarse. Teniendo alguna dificultad para conciliar sueño o a la hora de comer.

La influencia de todos esos factores, a unas personas le afectaran más unos que otros, tiene como resultado ese estado de cansancio, apatía y desgana que muchas veces identificamos como astenia otoñal.